Good Beer Hunting

El Tercer Lugar — Mike Burt Seguridad de Toronado

La mayoría de las noches, Mike Burt se posa justo a la derecha de una puerta holandesa en la calle Haight Street en San Francisco. Usualmente, Burt—un tipo fornido de barba tupida y gris y una gorra negra de púas de los Giants —no está solo. A su lado, posada sobre una banqueta acolchada está Nubia: una diminuta pinscher miniatura de nueve años vestida de un chaleco blasonada con tachuelas y un parche sobredimensionado de Slayer.

Si le agradas a Nubia, se lanzará a tu regazo. Y si no le gustas, también te lo hará saber.

“Si alguien desentona, me lo dirá,” dice Burt. es una noche clara inusual en Haight del sur, y él optó por sentarse afuera. “Ella se aparta, les ladrará, hasta los morderá un poco, como si cargaran una mala vibra. Ella hizo eso con muchas amigas mías también, y sabes, tenía razón.”

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Burt ha estado resguardando la puerta en el legendario bar local de cervezas Toronado durante 13 años, aunque ha vivido en San Francisco por 20 años, desde su natal Santa Rosa. No fue por la cerveza, o alguna especie de empleo con alto salario lo que lo trajo a la ciudad, como es el caso de muchos acá. Fue la música.

“He sido parte de todo tipo de bandas—de metal, punk,” comenta. “Ahora estoy haciendo rock and roll, solo divirtiendome.”

Pasé de la línea de envasado a ser el cervecero principal en menos de un año.

Su proyecto más reciente, una banda llamada Hot Toddler, está inactiva momentáneamente—“Necesitamos un mejor baterista; es difícil encontrar a alguien que no  tenga su banda propia y su propio kit”— pero se ha mantenido en este interín coleccionando álbumes de jazz records y asistiendo a shows de metal. Por cierto, Burt dice que una vez vio a Metallica tocar en “una especie de lugar Drag” en Polk Street bajo el seudónimo The Four Horsemen, antes de que Robert Trujillo se uniera a la banda. También fue antes de que un antiguo bar de rock y alguna veces bar gay llamado Kimo’s, cerrara en 2011.

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La ciudad completa está en un estado de incertidumbre. Burt fue desalojado de su apartamento en Mission District, donde vivió por 13 años. El arrendador les pagó a él y su compañero para que desalojaran (una práctica que se está convirtiendo en algo común en algunas zonas gentrificadas) pero una disputa entre Burt y el arrendatario principal hizo a  Burt marcharse sin recibir nada a cambio.

“Luego de 13 años viviendo en el mismo lugar, no obtuve un centavo,” dice. “Estaba un poco jodido. El afirma que le debo un montón de dinero, pero eso es una historia distinta.”

Frank Jaworski, otro seguridad en Toronado cuyo turno terminó más temprano ese día, asoma su cabeza para preguntar si ha probado la “hidromiel de mermelada y crema de maní” que está vendiendo el bar. Burt la ha probado. Asienta con su cabeza. Mejor no revivir la experiencia, gracias. Toma un sorbo de todos modos.

“Es simplemente horrible,” dice. “Demasiado dulce.”

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Burt tomó una ruta inusual hacia la industria de la cerveza. Cuando se mudó a San Francisco, hizo estampados serigráficos para pequeños negocios—bares y cervecerías específicamente—para hacer algo de dinero extra. Un día, un compañero de trabajo estaba testeando una impresión, pero se equivocó al usar un talle XXL,en lugar de uno más pequeño y barato en un nuevo sweater para Speakeasy Ales & Lagers sweatshirt. El logo estaba al revés, y colocó el diseño trasero en la parte de adelante, pero le quedaba bien a Burt, así que se lo quedó.

“Me acerqué al cervecero de cabecera de [Speakeasy] en un bar y me dijo, ‘¿De donde sacaste ese sweater?’” Burt recuerda. “Le conté la historia y le comente que si alguna vez llegase a necesitar alguien para trabajar en la cervecería, incluso a tiempo parcial, [que me hiciera saber].”

[Nubia] le hizo saber con su lenguaje corporal, ‘Me quedaré acá.’ Y el hombre fué como, ‘Demonios, es tu perra ahora.’

Burt, quien era homebrewer y tuvo alguna experiencia laboral en bodegas de vino cerca de Santa Rosa, dice que lo molestó durante varias semanas hasta que el cervecero le dió una oportunidad.

“Pasé de la línea de envasado a ser el cervecero principal en menos de un año.”

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Burt trabajó en Speakeasy por cerca de cinco o seis años, pero solía ir a beber por diversión a Toronado. Frecuentaba tanto el bar que el equipo le pidió que los ayudara en eventos especiales, Como el Festival anual del Barleywine y las fiestas aniversario.

De vuelta en Speakeasy, comenzaron a surgir problemas. Burt tuvo “encontronazos” con los propietarios, dice, y sintió que querían desplazarlo. Así que decidió irse. Aún tenía Toronado, y eventualmente, turnos dispersos se convirtieron en un empleo a tiempo completo.

“Es un buen trabajo, es un lugar sólido,” comenta Burt. “Se que tendré trabajo constante. Se que soy bueno en lo que hago, porque sé lidiar con la gente. La familia es genial acá, la tasa de rotación es bastante baja. Estamos acá para siempre—hay un montón de gente vieja trabajando aquí. Un par de mujeres también. Me gusta trabajar acá, es salario es decente. Aún puedo trabajar en SF, una ciudad extremadamente costosa. Aún puedo divertirme, No solo estoy trabajando para subsistir. Eso es algo positivo.”

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Nubia también es parte de la familia Toronado. Ha acompañado a Burt durante ocho años, aunque no siempre fue de él. Originalmente perteneció a uno de sus amigos, quien la compró a un criador de perros de competencias antes de que “llegaran tiempos duros para él,” Burt dice.

“Su empresa cerró, tuvo que mudarse con su novia,” comenta. “No podían tener mascotas allí así que tomé su custodia temporalmente. Iba a ser solo un par de semanas—solo yo y este pequeño cachorro.”

Tenía que darle ese aire de chica ruda. Tiene su collar de púas. Ella tiene personalidad. Una personalidad malévola.

Pero cuando su amigo volvió, Nubia “le hizo saber con su lenguaje corporal, ‘Me quedaré acá.’ Y el hombre fué como, ‘Demonios, es tu perra ahora.’ [...] Realmente no estaba planeando tener una mascota, pero ella me eligió a mí y es muy tierna.”

La chaqueta que Nubia usa fue un regalo de un cliente regular del bar, aunque Burt la personalizó para ella. “Se la hice algo exclusiva, tipo chaleco. Le coloqué parches; Tenía que darle ese aire de chica ruda. Tiene su collar de púas. Ella tiene personalidad. Una personalidad malévola.”

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En noches como esta, Burt trabaja hasta el cierre. Y luego, mientras el resto de la ciudad duerme, se dirige al muelle de los pescadores, a un bote de 56 pies llamado Lovely Martha. Sus dueños son un dúo padre-hijo, y cada vez que abordas, se le unen cerca de 30 otros pescadores. Al temporada de Halibut comienza mañana, y está ansioso por llegar a la bahía el domingo para pescar sobre el puerto de Oakland, donde los peces pueden llegar a a ser bastante grandes.

“Mi escape de la realidad es estar en el bote pescando,” dice Burt. “Llegas cerca de las 5 a.m., subes a la embarcación, y zarpas. Es solamente el sonido del motor y la espera por la salida del sol, la espera por ver la zona de pesca y ver las cubiertas moverse de un lado al otro [...] es fantástico.”

Burt dice que una vez logró pescar un Halibut de 14 kilos. Fue un logro afortunado, pero tener una nevera del tamaño adecuado para San Francisco puede convertirse en una limitante en la ocasión de pescar uno gordo. De cualquier manera, valió la pena.

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“Pescarlos es la mejor sensación. Es una pelea, una lucha, es la espera, requiere mucha habilidad. Habilidad y suerte. Pero una vez que lo atrapas, llevarlo a cubierta, verlo, medirlo, matarlo, filetearlo y cocinarlo—es de la granja a la mesa, o del océano a la mesa.

Un hombre joven y rubio vistiendo una chaqueta Patagonia trata de sacar su vaso fuera a la calle. Burt le grita. “Toma tu cerveza dentro! ¿Qué diablos estás haciendo!?”

Entonces se molestan y te dicen algo desagradable, así que respondemos con algo sarcástico de vuelta. Sucede que somos mejores que ellos en este aspecto.

La audiencia en Toronado parece hacerse más joven cada año. Burt dice sacudiendo su cabeza. Los chicos ricos del área tecnológica vienen los viernes y sábados. “[Ellos] están forzando a quedarse fuera a la gente que hace menos de  $100k al año,” comenta Burt. “Vienen a divertirse y los clientes [regulares] no quieren venir. Se quedan para tomar un par de cervezas, no gastan demasiado, no dan buenas propinas y son maleducados.”

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Afortunadamente, los bartenders de Toronado están bien entrenados para manejar la mala educación.

“Debes servir a la gente,” Burt comenta sobre el staff. “Si alguien te hace perder el tiempo, no sabe lo que quiere o no lleva dinero consigo o algo por el estilo, se vuelve molesto, así que atiendes a la siguiente persona. Entonces se molestan y te dicen algo desagradable, así que respondemos con algo sarcástico de vuelta. Sucede que somos mejores que ellos en este aspecto.”

El barrio puede estar cambiando, pero puedes contar con las respuestas sarcásticas de Burt, al menos en el futuro previsible. Ni él ni Nubia irán a ningún lado.

“Me quedaré por acá. Aún no termino con San Francisco. En absoluto, este es mi hogar.”

Textos, Alyssa Pereira
Fotos, Clara Rice